octubre 05, 2008

Ella


Por fin voy camino de regreso a mi ciudad, a mi cuarto, a mi mundo, en donde no soy un extraño tratando de sobrevivir cada hora… voy en el autobús, y a mi derecha puedo ver el atardecer, un atardecer no tan impresionante como el de mi ciudad pero extrañamente hermoso… puedo ver la gama de colores que van desde el morado, rojo, naranja, amarillo, y que por alguna razón que desde hace tiempo debí haber leído terminan en azul… y solo basta levantar la cabeza para ver la luna, tal vez no sea esa romántica luna llena, pero es una clásica y nostálgica luna en cuarto menguante, entre el oscuro azul de la noche que la acompaña y enmarca para dejar ver su brillo. A demás de la luna no hay nada en el cielo, excepto una estrella, una grande y brillante estrella que me hacer recordarla, volver a pensar en ella… su brillo me recuerda sus ojos, su sonrisa, su rostro en esa postura clásica que tiene en esa foto que siempre llevo conmigo y que genera una sonrisa cada vez que la veo… es una estrella que ni la luz de la luna ni la negra noche puede opacar, así como su recuerdo permanece fijo y constante en mi mente…

2 comentarios:

Verbo transitivo dijo...

A ver si ella no te hace chocar por ir viendo estrellas...

Me gusto la relación estrella-ella.

Anónimo dijo...

wooooow buen blog!!!!! luego lo leo con calma!!!!elisa