
Aquí estoy nuevamente esperando, viendo sombras pasar, deseando en ocasiones que seas tú y en otras que no lo seas. Deseando por momentos que llegues pronto, y por otros que no lo hagas y poder continuar con mi lectura.
Todo lo que sé se lo debo a mi ignorancia
Me siento triste, desubicado… recuerdo cuando estudiaba psicología, y solo pensaba en que ese no era mi lugar, cada día era un infierno, apenas tolerable por el apoyo de Helène (nombre ficticio) y la esperanza de algún día estar en mi lugar: medicina. Hoy esos días han vuelto, cada hora, cada minuto, solo espero que terminen los días, medicina no es lo que yo esperaba o yo no soy lo que la medicina esperaba. No me veo como médico, dedicando mi vida a ayudar gente, tampoco como investigador esclavizándome para no ser mediocre… no se cual es mi lugar, no se a que dedicarme y no sé qué hacer con mi vida, solo sé que estoy en un lugar incorrecto. Quiero correr y no parar, quiero irme un día sin despedirme y no pensar en nada más. No se si esta crisis se deba en realidad a que no me agrada la medicina, a la pérdida de Helène, a una depresión que desde hace 3 años vengo arrastrando (por la pérdida de Helène), o a uno de mis constantes cambios. Mis amigos, mi familia, cualquier persona cercana a mi sabe que cada cierto tiempo tengo una nueva pasión, que me involucro mucho, a fondo, y mi vida gira en torno a ello. Así he sido fanático de los autos, guitarrista, violinista, malabarista, fanático de la moda, vigoréxico, ciclista, aficionado a la fotografía, Dr. House, Neal Caffrey, punk, skate, hippie, cinéfilo, psicólogo, médico, amante de las computadoras, italiano, francés, español, y en cada una de las fases he querido dedicar mi vida a mi pasión. En este momento siento la necesidad de abandonar todo e irme a Paris, buscar hacer una maestría en historia del arte o psicología del arte, y dedicarme a la vida bohemia de Paris, tomar fotografías, tocar el violín, leer en un café, en un bar, comer en un bistró, visitar los museos, relacionarme con artistas, aprender de historia, de arte… siento que no pertenezco a mi época, que no encajo en mi ligar de residencia, siento que no soy un médico, me siento más bien como un espíritu bohemio, con una nostalgia por un tiempo ya pasado… los relojes de cuerda, bicicletas, abrigos, cámaras de rollo, plumas fuentes, fedoras, y el ambiente bohemio, descubriendo y apreciando cada aspecto de la vida, el café, el vino, las carnes, quesos, arte, lugares, vistas… no me importaría vivir al día si solo pudiera hacer lo que en verdad amo… la pregunta es si esto es lo que en verdad amo o solo una pasión temporal…

3 años, kinder bilingüe, 5 años kinder con cocina, agricultura y música, 6 años colegio, 12 años secundaria, 15 años preparatoria, 18 años psicología, 22 años medicina, ¿28 años?... me da miedo no tener tiempo para mí, pasármela estudiando... me gustaría un año sabático, estudiar circo, fotografía, viajar... la principal razón, fuera del conocimiento, por la que elegí medicina fue tener un empleo donde tuviera un sueldo discente trabajando solo medio día, y poder dedicar la otra mitad al arte, un buen café, literatura, pintura, visitar museos, escultura, diseño, cine, música, teatro, danza, y ahora fotografía y artes circenses, sin embargo es una carrera que me exige sacrificar cada segundo de vida en la escuela, laboratorios, hospital, estudiando o sintiéndome culpable por no hacerlo, durmiendo... no quiero entrar a clases, y dentro pienso en que podría estar malabareando en el jardín fuera del salón... tengo que esperar a que estas terminen para salir a hacerlo. Ahora me siento en un túnel atrapado sin salida, 2 años más de medicina, uno de internado, uno de servicio, la especialidad… cuando termine seré muy viejo para los malabares, para meterme a estudiar danza aérea, si no es que ya lo soy… malditas convenciones sociales, sería tan feliz viajando dedicándome a una cosa y a otra, un día tocar el violín, el otro vender fotos, otro hacer malabares, el otro dar una consulta, aprendiendo cosas nuevas cada día, ¿Eero Aarnio dijiste?, así que técnica mixta… ¿4-4-1?, rueda alemana… hay tantas cosas por hacer, y me queda tan poca juventud y tiempo… es el año del cuarto del centenario (para mí), y siento que mi vida ya se acabó, se le terminó la espontaneidad y ya está dicho lo que tengo que hacer… “porque yo, no quiero trabajar, no quiero ir a estudiar, no me quiero casar, quiero tocar la guitarra todo el día, y que la gente se enamore de mi voz”… “vos mejor que te afeites, mejor que madurez, mejor que labures…”
Fui a Guadalajara con grandes expectativas. La primera DECEPCIÓN que tuve fue enfrentarme a lo que ya sabía pero me negaba a aceptar, mis amigos trabajan, tienen compromisos, y era difícil que me dedicaran tiempo. Llegaba a la plaza Pabellón por mis artilugios de malabares y me encontré con que esta se encontraba cerrada y abandonada.
Oh tristeza haber viajado hasta allá y regresar con las manos vacías. Caminé esperando encontrar otra, y oh SORPRESA, la encontré. Se habían mudado a un local más grande solamente. Llegué a preguntar por mis cachivaches y recibí otra decepción tenían las clavas de oferta pero no en mi color… no tenían pelotas chicas y tuve que comprar medianas, y se habían agotado los aros fluorescentes y compré neones. Sabía que sería difícil regresar en días cercanos y era mejor comprar. Gasté más de lo esperado, y no era lo que esperaba. Llegó mi amigo técnico 1 por mí, y nos fuimos por unas papas, exquisitas, para mi SORPRESA eran mejor de lo que me habían platicado. Salimos a un bar de blues, y oh DECEPCIÓN, estaban en unas conferencias, que realmente podían ser buenas, pero no era lo esperado ni lo que apetece para tomar una cerveza. Se fue el conferencista, llegó el grupo de blues y tocó jazz. Al día siguiente mi DECEPCIÓN era que estaría solo la mayor parte del día, de 9am a 9 pm aproximadamente, entonces apareció la gran SORPRESA del viaje, y me dijo: conoces la diablita? –Sí, esta a una cuadra de donde estoy –Pues esta a 2 cuadras de donde estoy yo! – Entonces nos fuimos por dvd’s, libros y una michelada de litro. Regresé a despedirme de mi amigo secundario y me vi con mi amigo petróleos, el bar tenía cover alto, estaba solo, y el grupo de rock tocaba reggae y se negaba a tocar una de la cuca, los cadilacs o caligaris, gran DECEPCIÓN. La noche pasó sin pena ni gloria, y exprimiéndome más dinero del esperado. Solo llegamos a dormir para despertarnos a las 4hrs, bañarnos e irnos a su trabajo. Ahí quedé a mi suerte, vagando rumbo al centro cuando la joven del acento volvió a aparecer por SORPRESA –morro! Ya desayuno? Donde esta? Paso por usted y desayunamos en m
i casa. Así fue, con unos virotes deliciosos, y una salsa que aun me provoca reflujo. Partiendo de ahí me llevo a conocer rincones que no sabía que existían en Guadalajara, jugamos, corrimos, saltamos, nos cansamos, bebimos, volvimos a correr, nos perdimos, vimos vacas en las paredes, arañas con cabezas humanas, paseamos en el maribus, bebimos, comimos, viajamos, nos sentamos, caminamos, volvimos a viajar, caminamos, nos sentamos, bebimos, viajamos, escuchamos, observamos, bebimos, y nos fuimos a dormir. Al día siguiente se despidió como amiga de años. A pesar de que hubo más decepciones que sorpresas repetiría al viaje, solo modificando mis prioridades, aunque entre más se espere de algo es más fácil llevarse una decepción y viceversa, sin embargo nada se puede hacer contra eso. La morra del acento se convirtió en la sorpresa del viaje junto con los lugares que me llevó a conocer, y me hizo reconciliar mi amor con Guadalajara.